3 de julio de 2009

Cuarenta Y Ocho - Alas-

Todos tenemos miedo de volar. El hecho de no tener nada que nos amortigue la caída, el sólo hecho de pensar el madrazo al chocar con el pavimento, el justo momento en que tu cabeza se quiebra y tu cuerpo, y tu mente, y tu corazón también... Da más miedo que andar sola en bosque lleno de fantasmas. Los mismos de tus pesdadillas.
Es entonces cuando ocurre cierto milagro o cierto motivo que nos obliga a saltar, y uno salta. Así, sin paracaídas, sin una base en el piso que nos evite el golpe, sin nada que nos diga que no dolerá. Sin miedo. ¿Por qué? ¿Por qué el miedo se va? ¿Por qué no nos invade como antes y no nos detiene? Sigo sin saber la respuesta.
Sólo se que las alas se te abren, te salen de la espalda, y sientes que puedes volar. Pero la inexperiencia falla, el no saber como usarlas, hace que caigas, más abajo del suelo, y el golpe, el golpe hermanos, es duro, fuerte, te parte al medio del pecho. Y nos morimos. Más muertos que cualquier muerto en un cementerio de almas perdidas.
Ocurre también que te levantas, te sacudes la ropa, te curas las heridas... Y sanas. Y cuando volteas, tus alas están crecidas, salidas de ti, listas, y sabias para cuando quieras volar de nuevo.
Te duele, sufres, mueres, sigues muriendo... Pero ¿qué más da? Si ya te crecieron las alas.

Y yo... Ya Tengo Alas.


Una Palabra Al Aire. Son Como Las Hojas Que Van Cayendo.

1 comentario:

Any dijo...

Quiero morir para renacer.
Ya no quiero estar moribunda.

Bien por tí, por tus alas.
Usalas. Y me dices que se siente volar.