22 de octubre de 2009

Parte Sesenta y nueve. - Hoy, no estoy para nadie.

Hoy, sonrío y el corazón se me arruga, volteo a la derecha de mi habitación, respiro un aire vacío, me pongo a ver con atención, cada pedazo de cielo, de sol, de hueco que se encuentra en los rincones de mi casa.

No me gusta la felicidad si no la comparto. Mientras sigo inspeccionando cada sitio, te encuentro en cada paso, en la silla de madera que agarraste en exclusiva, donde se sentaba el Rey, el jefe, tu trono particular tenías ahi, justo frente a la cocina. Hace un rato te encontré cruzado de pies y brazos, con esa cara sonriente que siempre estrenabas cada segundo, estás también en los clavos que pusiste sobre la pared, mil, dos mil, no se cuantos exactamente, pero sé que siguen estorbando cada vez que nos toca pintar, y supongo que lo sabes también pero ni así te dignas a venir a quitarlos. Ya lo se, te gustan así y me parece bien. Te sorpendí rasurándote frente al espejo que está en la cocina, tomabas apresurado el cepillito de esos de peluqueria y la navaja, no se como jamás te has cortado y no entiendo la poca delicadeza que tienes para rasurarte, pero me encanta verte. El ruido que hacías me hizo subir a la terraza, no se que andarás ideando el día de hoy, pero estoy segura de que no será algo bueno, esas ideas tuyas a veces no te salen bien, y aunque digas que no es cierto, sabes que sí, no creo que quieras que te recuerde el detallito de las ventanas del cuarto de Xanthal. ¿Ves como tengo razón? Pero bueno, tú puedes hacer lo que quieras, que para eso eres el Jefe y nadie diremos nada (aunque no se por cuanto tiempo). Huele rico el café que preparaste, y tus sorbidos ensordecedores se escuchan bastante bien hoy y ya escuché tus trotes al rededor de la mesa, pero no seas exagerado, no hace tanto frío. Es que tú estás en todos lados, siempre.

Te hemos rendido tributo cada día desde hace muchos, en la cena, la comida, cualquier momento es apto, pasamos tu palabra por los oídos de todas las gentes que vienen a querer saber de ti, seguro estás presumiendo por allá donde andas todo lo que hacemos, ¿verdad? Puedo ver tu risa desde aqui. Por eso sonrío también.

No pensé que el tiempo pasara tan rápido, pero creo que hasta en eso pensaste, no lanzamos lágrimas a tu foto, no, tu bien sabes que eso no va con nosotros, te aventamos carcajadas, cervezas, música, un buen huapango te gusta como a eso de las tres de la mañana, y tú feliz, viendo como no te equivocaste, míranos, hiciste un trabajo impecable, estamos todos medios locos, pero sabemos andar, rezar, hablar, escuchar, trabajar, luchar, sonreír, AMAR y sabemos que estás satisfecho, me lo aseguran tus ojos de papel que imagino cada mañana, sabes también que no tengo que ir a diario o con frecuencia a aquel lugar donde te lloramos tanto, tú estás en mis mañanas, en el desayuno, en la comida, en la cena, en los ojos de Alex, en las manos de Juve, en los oídos de Sebastian, en la boca de Xanthal, en el corazón de mi abuelita, en la fuerza de mi madre, te tengo a diario, siempre.

¡Que afortunada soy! Y como duele abrazarte sin poderte tocar, te extraño eso es cierto, no lo he negado y duele, más que cualquier dolor del mundo, pero me alegro, vivo feliz (aunque no completa), orgullosa se me llena la boca y el cuerpo cada que te nombro, te presumo todos los días, la gente me envidia, lo se. Y es que como no hacerlo, no todos tienen la bendición y la fortuna de conocer al mejor hombre del mundo.

Tú, que me enseñaste a caminar, a llorar, a pelear, a perdonar, a aceptar. Tú que me diste el ejemplo más grande de que el amor existe y que además de existir es eterno, justo cuando todo me parecía lo contrario. No sabes como agradezco tus pasos, tus manoteos, tus luchitas en la cama una noche de domingo, tus historias, tu amor a Alex, tu preocupación, tu chocolate carlos quinto cada sábado, tus gomitas de fresa, tus chicles, tus uvas, mangos, manzanas, naranjas, melones, plátanos. Tus canciones en plena madrugada, tus notas en la guitarra.

¡Gracias! Por hacernos lo que somos, por mantenernos juntos, por enseñarnos lo necesario, por dejarnos ser parte de ti, por hacer que sintieramos todo esto, gracias a eso vivimos con tu vida en nuestros labios. ¡Ah que felicidad me da llorarte! y que rico se siente en el corazón cada que te extraño, gracias por haberte ido el día justo en que tenías que hacerlo. ¡Gracias por que para mi, tener tu sangre es mi honra!

Hoy, hoy no estoy para nadie, por que justo desde que el día empezó, he estado encontrándote en todos lados.

El cielo se ve más contento desde que vives allá.








Una Palabra Al Aire. Son Como Las Hojas Que Van Cayendo.

1 comentario:

Any dijo...

Me hubiera gustado mucho conocerlo.

Saludos.

Aqui andamos.